El monje que vendió su Ferrari
No puedo decir mucho del último libro de Robin S.Sharma “El monje que vendió su Ferrari” . Y si no puedo decir mucho es porque no hay demasiado que decir. He leído apenas la mitad de sus páginas. Suficientes para convencerme que no se trata más de uno de esos libros prefabricados que tan de moda están ahora en los que se toma un poco de esto, un poco de aquello, se le da un toque oriental y se vende al gran público.
No digo que sea un libro rematadamente malo, pero desde luego no es bueno, y no merece la pena su compra. La historia es bastante simple. Un abogado agresivo se da cuenta de que no puede seguir con la vida que lleva, que le consume física y mentalmente. Por ello, decide ir a la India (qué original verdad) en donde entrará en contacto con grandes maestros del Himalaya que cambiarán su vida para siempre (una vez más, vivan los tópicos).
A su vuelta, totalmente renovado, enseñará a su joven ex-compañero de trabajo, la verdades que ha aprendido y cómo la meditación y otras técnicas, pueden ayudarle a no tener una vida tan vacía de significado.
Yo no dudo de la buenas intenciones de Sharma a la hora de escribir este libro pero, sinceramente, antes de ponerse a escribir un libro hay que saber cómo se escribe. Vivimos en un mundo que a todos los que juntan cuatro letras sin faltas de ortografía les otorgan el título de escritor, y en el que si vende se publica, independientemente de que sea bueno, malo, o regular.
Por otro lado, el auge que ha experimentado el yoga, la meditación y las filosofías orientales en los últimos años, han llevado a que cada vez se publiquen más títulos, lo cual no es malo intrínsecamente (incluso es bueno) pero puede llevar a la confusión a aquél que no dominando demasiado la materia compre sin saberlo libros de muy escasa calidad. Éste es un perfecto ejemplo de ello.
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